29 dic. 2007

Una persona religiosa no tendría que interferir

"La gente puede encontrar razones. Tú mantén la atención. Y mantén la atención con respecto a tu propia persona, no con respecto a otros. Lo que otros hacen no es asunto tuyo. Ésta tendría que ser una de las actitudes básicas: no pensar en lo que el otro está haciendo. Esa es su vida. Si él decide vivir así, eso es asunto suyo. ¿Quién eres tú para tener siquiera una opinión al respecto? Incluso tener una opinión significa que estás listo para interferir, que ya has interferido.

Una persona religiosa es aquella que trata de vivir su vida de la mejor forma, de la forma más completa que le es posible, de la forma más atenta que le es posible; lo intenta. Además, no interfiere en la vida de otros, ni siquiera con una opinión.

¿Lo has visto, lo has observado? Si pasas delante de alguien y tienes cierta opinión sobre él, tu cara cambia, tus ojos cambian, tu actitud, tu forma de caminar. Si eres criticón, todo tu ser empieza a irradiar crítica, disgusto.

No, tú estás interfiriendo. Ser verdaderamente religioso implica no interferir. Otorga libertad a las personas; la libertad es su derecho de nacimiento.

Sucedió una vez que me alojé en casa de uno de mis profesores, de mis maestros. Aunque yo era un estudiante y él mi profesor, había de su parte mucho respeto por mí. Él era un hombre religioso, especial, pero era un bebedor, y cuando estuve en su casa, le dio mucho miedo beber en mi presencia. ¿Qué iba a pensar yo? Yo le observaba, sentía un desasosiego, así que al día siguiente le dije:

-Hay algo en su mente. Si no se relaja me marcharé inmediatamente me iré a un hotel; no me alojaré aquí. Hay algo en su mente. Siento que usted no está relajado; mi presencia está creando algún problema.

-Ya que has planteado el problema –me dijo él-, me gustaría contártelo. Nunca te he dicho que bebo muchísimo, pero siempre bebo en casa y me voy a dormir. Ahora que te alojas aquí no quiero beber en tu presencia, y por eso ha surgido el problema. No puedo pasar sin beber, pero no me puedo imaginar bebiendo delante de ti.

Me eché a reír.

-Qué tontería –le contesté-. ¿Qué tengo yo que ver con ello? ¿No me obligaría a beber?

-No, jamás.

-Entonces, asunto concluido; el problema está resuelto. Usted bebe y yo le haré compañía. Yo no beberé pero puedo tomar otra cosa, Coca Cola o Fanta. Le haré compañía, usted beba. Le puedo llenar el vaso, puedo ayudarle.

Él no podía creer, pensó que yo estaba bromeando, pero cuando por la noche llené su vaso, él empezó a llorar.

-Nunca llegué a pensar que tú no tendrías un juicio sobre esto. Además, yo te he estado observando –dijo-, y tú no tienes ninguna opinión sobre mi forma de beber, sobre mi conducta, sobre lo que estoy haciendo.

-Tener un juicio sobre usted es simplemente una tontería –contesté-. No es algo muy significativo que no tenga un juicio sobre usted. En primer lugar, ¿por qué tendría que tenerlo? ¿Quién soy yo para tenerlo? Su vida le pertenece. Si quiere beber, beba.

Tener un juicio sobre ti significa que, profundamente, de alguna manera, quiero manipularte. Tener un juicio sobre ti significa que, de una manera u otra, tengo un deseo profundo de tener poder sobre la gente. Eso es lo que define a un político. Una persona religiosa no tendría que interferir".


Osho, El sendero del Tao
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Calzar una serpiente

"Tú interfieres en la vida de tus hijos, tú interfieres en la vida de tu esposa, de tu esposo, de tu hermano, de tu amigo, de tu amado. Tú interfieres en sus vidas porque piensas que al hacerlo los estás ayudando. ¡Los estás estropeando! Tu interferencia se asemeja lo que los seguidores del Zen –ellos tienen la expresión correcta-- llaman “calzar una serpiente”. Tú estás ayudando, a lo mejor haces un gran esfuerzo, haces grandes cosas –calzas una serpiente-- pensando: “¿Cómo puede caminar una serpiente sin zapatos? Puede que haya dificultades, que los caminos sean difíciles, que haya también espinas. La vida está llena de espinas, así que hay que ayudar a la serpiente, hay que calzar la serpiente”. ¡Matarás la serpiente!.

Todo esfuerzo por mejorar a los demás es así, precisamente, pero hay un corolario natural: si estás tratando de mejorarte a ti mismo, tratarás de mejorar a otros. Tu propio malestar va a afectar a otros. Una vez dejas de mejorarte a ti mismo, una ves te aceptas tal como eres, incondicionalmente, sin amargura, sin queja, una vez te empiezas a amar tal como eres, toda interferencia desaparece".

Osho, El sendero del Tao
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Vive para ti mismo y vivirás para todos los demás

"La situación es muy absurda. Los padres se siguen sacrificando por ti; el padre, la madre se sacrifican por ti. Ellos dicen: “Me estoy sacrificando por mis hijos”. Naturalmente se desquitan al decir esto porque mientras la madre se sacrifica por el hijo, ella está destruyendo su propia vida. Ella se desquitará. Lo dirá una y otra vez, lo dejará bien claro una y otra vez: “Me he sacrificado por ti. Conócelo bien, recuérdalo bien, que he sacrificado mi vida, mi juventud, todo, por ti”. Ella tratará además de persuadirte: “Haz lo mismo por tus hijos”. Entonces tú te sacrificas por tus hijos y luego les persuades para que hagan lo mismo con sus hijos… En consecuencia nadie vive jamás. Una generación se sacrifica por la otra, y si no te sacrificas, entonces no eres respetado. Nadie te respeta, entonces eres un criminal. Si no te sacrificas por otros, entonces te dicen: “¿Qué estás haciendo? No eres una buena persona, eres inmoral. El sacrificio es bueno. Vivir para uno mismo es egoísmo”. Mira simplemente lo que esta gente ha estado diciendo: ser feliz es egoísta, sacrificarse es bueno. Pero al sacrificarte serás infeliz, y una persona infeliz crea infelicidad a su alrededor, y una persona infeliz se desquitará; nunca podrá olvidar, su vida ha sido destruida. Nos dicen que la mujer se tiene que sacrificar por el marido y que el marido se tiene que sacrificar por la mujer ¿Para qué? Ambos se sacrifican, por tanto, ambos pierden vida.

Yo enseño una vocación pura por uno mismo. Nunca te sacrifiques por nadie. Vive tu vida auténticamente y así nunca tendrás la necesidad de desquitarte ni sentirás rencor alguno contra nadie. Y una persona que no siente rencor contra nadie es una persona amorosa, compasiva, cordial, dadivosa. Y una persona que no siente rencor contra nadie –ni contra sus hijos, ni contra su marido, ni contra su esposa- es tremendamente hermosa. Crea un ambiente de felicidad alrededor de ella. Quienquiera que entre en contacto con ella comparte su felicidad.

Ocúpate de ti mismo.

Mira simplemente a los árboles. No hay un árbol que esté tratando de sacrificarse por otro árbol; consecuentemente, tienen verdor. Si empiezan a sacrificarse, ningún árbol tendrá verdor, ningún árbol florecerá jamás. Mira las estrellas. Se ocupan de sí mismas: brillan para sí mismas, no se sacrifican. De otra manera la existencia se volvería fea y oscura. El ocuparse de uno mismo es natural. Y ese “sí mismo” que estoy enseñando es lo que define el Tao: tu naturaleza. Escúchala, síguela. Tu naturaleza te está diciendo: “Se feliz”...

Vive para ti mismo y vivirás para todos los demás, pero éste no es un sacrificio. Vive para ti mismo. Se real, auténticamente dedicado a ti mismo; ese es el proceder de la naturaleza. Cuida de tu felicidad, de tu descanso, de tu vida, y te sorprenderás de que cuando te sientes feliz ayudas a otros a sentirse felices, porque entiendes, poco a poco, que si los otros se sienten felices tú te sentirás más feliz. La felicidad sólo puede existir en un océano de felicidad. No puede existir sola".

Osho, El sendero del Tao
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10 dic. 2007

La alegría es el antídoto para todos los miedos

"La alegría es el antídoto para todos los miedos. El miedo se asienta cuando no disfrutamos la vida. Si gozas la vida, el miedo desaparecerá. Por tanto, sé positivo y goza más, ríete más, baila, canta. Mira las cosas pequeñas cada vez con más alegría y entusiasmo. La vida está hecha de detalles y si logras dotar de alegría todas esas cosas, la suma total será colosal.

No esperes a que te suceda algo extraordinario. No es que en la vida no haya sucesos extraordinarios, claro que sí; pero no esperes a que se produzcan. Las cosas extraordinarias suceden solamente cuando se viven los detalles cotidianos desde una nueva perspectiva, con la mente nueva, con renovada vitalidad y entusiasmo. Así, poco a poco, se van acumulando, hasta que un día se produce la gran explosión de dicha pura.

Pero nunca se sabe cuándo será ese día. Es necesario continuar recogiendo guijarros en las playas. La totalidad se convierte en el gran acontecimiento. Un guijarro es un guijarro, pero cuando se juntan muchos guijarros, súbitamente se convierten en diamantes. Ese es el milagro de la vida. Por tanto, no necesitas pensar en grandes cosas.

Hay muchas personas en el mundo que se pierden la vida por estar a la espera de algún suceso extraordinario, el cual no podrá suceder de la nada. Solamente sucede a través de las cosas ordinarias como comer, desayunar, caminar, tomar un baño, conversar con un amigo, sentarse a contemplar el cielo o quedarse en cama haciendo nada. La vida está hecha de esas minucias. Son la esencia de la vida.

Por lo tanto, hagan todo con alegría y entusiasmo, y cada cosa será una oración...

No te preocupes por los lados negativos. Si enciendes una vela, la oscuridad se disipará por sí sola. No trates de luchar contra la oscuridad. No podrás sencillamente porque la oscuridad no existe. ¿Cómo pelear contra algo que no existe? Simplemente enciende una vela. Olvida la oscuridad, olvida el miedo, olvida todas esas cosas negativas que normalmente acechan a la mente humana. Sencillamente enciende una vela de entusiasmo...."

Osho, El miedo. Cómo comprender y aceptar las incertidumbres de la vida
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5 dic. 2007

El hombre ordinario está viviendo una vida muy anormal

"El hombre ordinario está viviendo una vida muy anormal, porque sus valores están invertidos. El dinero es más importante que la meditación; la lógica es más importante que el amor; la mente es más importante que el corazón; el poder sobre otros es más importante que el poder sobre el propio ser. Las cosas mundanas son más importantes que el encontrar los tesoros que la muerte misma no podrá destruir".

Osho
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Amo de tu respiración

"Si puedes convertirte en el amo de tu respiración, puedes convertirte en el amo de tus emociones...

a) Respira profundamente durante todo el día, sin forzar, lenta y profundamente, siempre que te acuerdes, y siéntete relajado y sin tensiones.

b) Observa tu respiración, obsérvala. Cuando exhales, acompáñala; cuando inhales, acompáñala. Si eres capaz de observar tu respiración, ésta será muy profunda, silenciosa, rítmica. Siguiendo la respiración serás muy, muy diferente, porque esta constante atención sobre la respiración, te liberará de la mente. La energía que normalmente utilizamos para pensar, será utilizada para observar. Esta es la alquimia de la meditación: transformar la energía utilizada para pensar en observación... como dejar de ser un pensador y convertirte en un testigo. Pero sé juguetón cuando observes tu respiración, no lo conviertas en un trabajo.

c) Usa tu respiración para ser consciente de la vida y de la muerte simultáneamente. Cuando uno exhala, esto se asocia con la muerte; cuando uno inhala, se asocia con la vida. Al exhalar, mueres; al inhalar, renaces. "Vida y muerte no son dos cosas, separadas, divididas: son una sola. Y en cada momento, las dos están presentes. Recuerda esto: exhalas, siente que estás muriendo. No tengas miedo. Si tienes miedo, alterarás la respiración. Acéptalo: exhalar es morír. Y la muerte es bella. Es relajante".

Osho
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4 dic. 2007

No hay seguridad externa ni interior. La inseguridad es la materia misma de la cual está hecha la vida

Pregunta:
Sé que la idea de la seguridad externa es una necedad que nada tiene que ver con la realidad, ¿pero hay acaso una seguridad interior a la cual podamos aspirar?

"La seguridad no existe. No hay seguridad, ni interior, ni externa. Esa es la razón por la cual la existencia es tan maravillosa. Imaginen si una rosa se despertara en la mañana pensando en su seguridad. ¿Qué pasaría? Si la rosa pudiera conseguir su seguridad, sería una flor de plástico. Pero como no lo es, vive en medio de la inseguridad. Podría perder sus pétalos a causa de un viento fuerte. O un chico podría pasar corriendo y arrancarla. O podría venir una cabra y comerla. O puede no suceder nada (ni viento, ni chico, ni cabra), pero al llegar la noche, habrá desaparecido. Aunque no suceda nada fuera de lo normal, también ella desaparecerá. Pero en eso radica la belleza de la rosa. Es hermoso porque, viviendo acosada por la muerte, la desafía --desafía los vientos. Tan pequeña y aún así logra imponerse a todas las dificultades y los peligros. Aunque sea tan sólo durante unos minutos o unas horas, no importa (el tiempo es irrelevante), ella vive su momento. Habrá vivido, habrá hablado con los vientos, con el sol y la luna, y habrá contemplado las nubes. Y en todo ello hubo alegría y pasión. Después muere; no se aferra. Una rosa que se aferrara sería fea. Cuando le llega su momento, la flor sencillamente muere y desaparece, uniéndose a la tierra de donde vino. No hay seguridad externa ni interior. La inseguridad es la materia misma de la cual está hecha la vida..."

Osho, El miedo. Cómo comprender y aceptar las incertidumbres de la vida
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3 dic. 2007

El sufrimiento psicológico le pertenece al pasado o al futuro, pero nunca al presente

Pregunta:
No creo temerle a la muerte tanto como le temo a la enfermedad, la vejez y el sufrimiento. ¿Cómo puedo vencer el miedo al sufrimiento físico?

"El sufrimiento psicológico, y solamente él, puede disolverse. El otro sufrimiento, el dolor físico, es parte de la vida y de la muerte y no hay forma de disolverlo. Pero nunca genera un problema. ¿Se han dado cuenta? El problema existe solamente cuando se piensa en él. Sientes miedo cuando piensas en la vejez. Sin embargo, no vemos a los ancianos temblando de miedo a toda hora. Te llenas de miedo cuando piensas en la enfermedad, pero cuando ésta sucede, ya no hay miedo y el problema desaparece. La enfermedad se acepta como un hecho. El problema verdadero siempre es psicológico. El dolor físico es parte de la vida. Cuando se piensa en él, no es físico en lo absoluto, sino que se ha vuelto psicológico. Cuando piensan en la muerte, sienten miedo, pero cuando ésta se presenta, no hay miedo. El miedo siempre se relaciona con el futuro. El miedo no existe en el presente....

La realidad misma nunca es un problema; son las ideas acerca de la realidad las que crean el problema. Por tanto, lo primero que debes comprender es que si logras disolver el problema psicológico, todo el problema desaparecerá y podrás comenzar a vivir el momento.

El sufrimiento psicológico le pertenece al pasado o al futuro, pero nunca al presente. La mente no existe nunca en el presente. En el presente, reside la realidad, no la mente...."

Osho, El miedo. Cómo comprender y aceptar las incertidumbres de la vida
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¿Puede lograrse algo golpeando una fotografía?

"Un hombre acudió a un psicólogo con un problema. Se hallaba muy irritado con su jefe. Si el jefe le decía algo, se irritaba y sentía deseos de sacarse el zapato y golpearle con él. Pero, tal como sabes... ¿puedes acaso pegarle a tu jefe? Y sin embargo, no es posible que exista aquél que no desee pegarle a su jefe. Resulta excepcional encontrar a un empleado que no sienta eso. Sabes esto si eres un empleado y también lo sabes si eres un jefe. Un empleado siempre se halla molesto por estar trabajando, y siempre se halla en ánimo subversivo. Y además, si tuviera tanto valor, ¿por qué tendría que estar desempeñando un cargo? De uno u otro modo, este hombre siguió reprimiendo, cada vez que lo sentía, el deseo de pegarle a su jefe.

El problema comenzó a agravarse y, temeroso de que un día u otro pudiera realmente golpear al jefe, comenzó a dejar sus zapatos en su casa antes de ir a la oficina. Pero no lograba olvidar los zapatos que habla dejado en su casa. Cada vez que veía al jefe, sus manos se dirigían automáticamente hacia los pies, pero por fortuna, los zapatos se habían quedado en casa. Le tranquilizaba el no llevarlos consigo, pues un día, en un arranque de locura, podía sacarse un zapato y lanzárselo al jefe.

Pero no se liberaba de los zapatos dejándolos en casa. El zapato cobraba importancia inusitada en su mente. Si estaba dibujando garabatos con un lápiz, hacia un zapato en el papel. En sus momentos de ocio, los garabatos cobraban la forma de un zapato. El zapato invadía su mente. Tenía un temor mortal de ser capaz de atacar al jefe alguna vez, en cualquier momento. Declaró en su casa que era mejor que no fuese a la oficina, pues su estado mental era tal que ya no necesitaba nada con lo que dar golpes. Sus manos ya habían comenzado a dirigirse a los pies de sus colegas. En este trance, sus parientes en su casa pensaron que ya era tiempo de llevarlo a un psiquiatra. Así que lo llevaron.

El psiquiatra dijo que la enfermedad no era grave. Era curable. Sugirió que colgase una fotografía del jefe en la casa y que la golpeara con un zapato cinco veces cada mañana. La foto debía ser golpeada cinco veces cada mañana, religiosamente, antes de ir a la oficina, sin dejar de hacerlo ni un solo día. El ritual debía ser observado como la misa diaria, las oraciones diarias. Luego, después de regresar de la oficina, el proceso debía repetirse todos los días. La primera reacción del hombre fue: "¡Qué absurdo!" Aun asombrado, internamente se sentía contento.

Colgó la foto e inició el ritual, tal como se le había aconsejado. El primer día, cuando fue a la oficina después de golpear la foto cinco veces, tuvo una extraña sensación. No se sentía tan irritado como solía estar y en un par de semanas se volvió muy cortés con el jefe. El jefe también observó un cambio en él. Por supuesto, él no sabía lo que estaba ocurriendo. También le dijo al empleado que últimamente lo sentía muy cortés, muy obediente y muy amable. Quería saber qué pasaba. El empleado replicó: "Por favor, no me pregunte; de otro modo, todo se trastornará. No puedo decírselo."

¿Qué es lo esencial detrás de esto? ¿Puede lograrse algo golpeando una fotografía? Si, golpeando la fotografía, la obsesión por golpear con el zapato se fue esfumando: el complejo desapareció".


Osho
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29 nov. 2007

Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día; celebrémoslo y vivámoslo.

"Lo que estoy haciendo aquí es multidimensional. No son plenamente­ conscientes de lo que estoy intentando hacer; quizá sólo puedan darse cuenta cuando me haya ido. No estoy intentando darles esperanzas en el futuro --porque eso ha fallado--; estoy intentan­do darles una esperanza en el aquí y ahora. ¿Por qué preocuparse del mañana?... porque el mañana no ayuda....

Estoy intentando hacer que este momento sea de una plenitud, de un contentamiento tan profundo que no haya necesidad de dese­ar vivir. Se necesita el deseo de vivir porque no estás vivo. El deseo te mantiene en alto; tú te vas deslizando cuesta abajo y el deseo te sube. Yo no estoy intentando darte un nuevo deseo de vivir, estoy simplemente intentando enseñarte a vivir sin ningún deseo, a vivir gozosamente. Es el mañana lo que te envenena. Olvida los ayeres, olvida los mañanas. Este es nuestro día; celebrémoslo y vivámoslo. Y sólo con vivirlo serás lo suficientemente fuerte como para, sin la voluntad de vivir, ser capaz de resistir toda clase de enfermedades, todas las actitudes suicidas.

Simplemente estar plenamente vivo es un poder tal que no sólo puedes vivir tú, sino que puedes hacer que otros se inflamen, se enciendan.
Este es un hecho bien conocido. Cuando hay grandes epide­mias, ¿te has preguntado por qué los doctores y las enfermeras y otros no se infectan? Son seres humanos igual que tú, y están des­bordados de trabajo y son más vulnerables a la infección porque están continuamente cansados. Cuando hay una epidemia no pue­des limitarte a una jornada de cinco o seis horas o a una semana de cinco días. Una epidemia es una epidemia; a ella no le importan tus vacaciones o si estás desbordado: tienes que trabajar. La gente tra­baja dieciséis horas, dieciocho horas, cada día, durante meses. Aun así, los doctores, las enfermeras, el personal de la Cruz Roja no se infectan....

No, esas personas están tan implicadas en ayudar a los demás que no tienen ningún mañana. Este momento les concierne tanto que no tienen ningún ayer. No tienen ningún momento para pensar, ni tan siquiera para preocuparse: «Puedo infectarme». Su implica­ción... Cuando hay millones de personas muriendo, ¿puedes pensar en ti mismo, en tu vida, en tu muerte? Toda tu energía está encami­nada a ayudar a la gente, a hacer lo que puedas hacer. Te olvidas de ti mismo, y debido a que te has olvidado de ti mismo no puedes infectarte. La persona que podría infectarse está ausente; no está, porque está completamente implicada en hacer algo, está inmersa en algún trabajo.

No importa si estás pintando o esculpiendo o si estás sirviendo a un ser humano moribundo; no importa lo que estás haciendo, lo que importa es: ¿estás completamente implicado en el aquí y ahora? Si estás implicado en el aquí y ahora estás completamente fuera del área donde es posible infectarse. Cuando estás tan impli­cado tu vida se convierte en una fuerza torrencial. Y ya verás: en un tiempo de epidemia, cuando las personas mueren a cientos, hasta un doctor perezoso se olvida súbitamente de su pereza; un doctor anciano se olvida súbitamente de su edad...
Sólo la meditación puede liberar tu energía aquí y ahora. Y entonces ya no hay ninguna necesidad de ninguna esperanza, de ninguna utopía, de ningún paraíso en parte alguna. Cada momento es un paraíso en sí mismo....".

Osho, De la medicación a la meditación
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Si estás a punto de enfadarte...

"Si estás a punto de enfadarte y la energía ha llegado hasta tu mano para golpear a la persona, para abofetear a la persona, y no la abofeteas sino que continúas sonriendo, la energía se quedará retenida en la mano. No puede regresar, no hay manera. Esa energía se convertirá en una pesada carga en la mano. Destruirá la belleza y la gracia de la mano. Matará a tu mano.
Por tanto, siempre que surja una energía, ve con ella. Si es algo que puede ser peligroso para alguien --por ejemplo, si es ira-- entonces ve a tu cuarto y golpea un cojín. Pero haz algo. No hay necesidad de ser destructivo con nadie, no seas violento con nadie, pero puedes ser violento con una almohada. Tu energía se liberará y sentirás que fluye una energía fresca. Nunca retengas ninguna energía".

Osho, De la medicación a la meditación
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Cada persona es una cara oculta de lo divino

"Amar es el arte de estar con otros. Meditar es el arte de estar contigo mismo. Son las dos caras de la misma moneda. Una persona que no sabe como estar consigo misma no puede relacionarse verdaderamente con otros. Su relación será incómoda, carente de gracia, desagradable, ocasional y accidental. En un momento dado todo va bien y al momento siguiente todo desaparece. Siempre pasará por altibajos; no ganará profundidad. Será muy ruidosa. Con seguridad te dará en que ocuparte, pero no será melodiosa ni te podrá llevar a las cumbres de la existencia o a las profundidades del ser.

Y viceversa: la persona que no es capaz de estar con otros, de relacionarse, le será muy difícil relacionarse consigo misma, porque el arte de relacionarse es el mismo. El hecho de relacionarte con otros o de relacionarte contigo mismo no es muy diferente; es el mismo arte. Estas artes se tienen que aprender en conjunto, simultáneamente; son inseparables. Procura estar con la gente, no de manera inconsciente sino muy conscientemente. Relaciónate con la gente como si estuvieras cantando una canción, como si estuvieras tocando una flauta; cada persona tiene que ser considerada como un instrumento musical. Respétalos, ámalos y venéralos, porque cada persona es una cara oculta de lo divino.

Por tanto, se muy cuidadoso, pon mucha atención. Recuerda qué estás diciendo; recuerda qué estás haciendo. Precisamente las cosas pequeñas destruyen relaciones y las pequeñas cosas hacen las relaciones muy hermosas. A veces una simple sonrisa te abre el corazón de otro; a veces una mirada equívoca de tus ojos cierra al otro; es un fenómeno muy delicado. Piensa en ello como un arte: tal como el pintor es muy cuidadoso con lo que está haciéndole al lienzo, cada simple pincelada va a crear una enorme diferencia. Un pintor de verdad puede cambiar toda una pintura con una sola pincelada.

La vida se tiene que concebir como un arte, con mucha precaución, con mucha deliberación. Por tanto la relación con los demás tiene que convertirse en un espejo: mira lo que estás haciendo, cómo lo estás haciendo y qué está sucediendo. ¿Qué le está sucediendo al otro? ¿ Le estás haciendo su vida más desgraciada? ¿Le estás ocasionando dolor? ¿ Le estás creando un infierno? Entonces aléjate. Cambia tus procedimientos. Haz hermosa la vida que te rodea. Permite que cada persona sienta que un encuentro contigo es un regalo, que sólo por estar contigo algo empieza a fluir, a crecer, algunas canciones empiezan a brotar del corazón, algunas flores empiezan a abrirse. Y cuando estés solo entonces siéntate profundamente silencioso, en completo silencio, y obsérvate a ti mismo.

Así como el pájaro tiene dos alas, permite que el amor y la meditación sean tus dos alas. Crea una sincronía entre ellos de manera que no estén de ninguna manera en conflicto entre ellos, sino que se nutran mutuamente, se cuiden mutuamente, se ayuden mutuamente. Este va a ser tu camino: una síntesis entre el amor y la meditación".

Osho, The Rainbow Bridge
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Observar, observar simplemente, es el arte de la paciencia

"De las 24 horas del día, necesitas estar en silencio durante una hora más o menos, cuando sea conveniente. El diálogo interior seguirá, pero no hagas parte de él.

Escuchar sin involucrarse:

La clave de todo esto está en escuchar la conversación interior simplemente, como si escucharas hablar a dos personas, pero te mantuvieses aparte. No te involucres, simplemente escucha lo que una parte de la mente le dice a la otra. Sea lo que sea, déjalo venir; no intentes reprimirlo. Se solamente un testigo.

Caballos salvajes:

Un montón de basura que has acumulado durante años saldrá a la luz. La mente nunca ha tenido la libertad de tirar esta basura.

Si se le da la oportunidad, la mente corre como un caballo que ha roto las riendas. Déjalo correr. Tú siéntate y observa. Observar, observar simplemente, es el arte de la paciencia. Tú querrás conducir el caballo, dirigirlo en uno u otro sentido, porque éste es un viejo hábito. Tendrás que tener paciencia para romper este hábito.

Donde quiera que vaya la mente, observa únicamente. No trates de forzar una orden, ya que una palabra da lugar a otra y a otra, y a mil más, porque todas las cosas están conectadas.

Que hable tu mente!

Si es posible y te conviene, expresa tus pensamientos en voz alta, de manera que tú también los puedas escuchar, porque en el interior de la mente los pensamientos son muy sutiles y existe el temor de que puede que no seas muy consciente de ellos. Exprésalos en voz alta, y permanece muy alerta y atento a fin de mantenerte bien separado de ellos. Decide expresar lo que te llegue a la mente, pero permanece absolutamente imparcial y neutral.

Es absolutamente necesario vaciar la mente con paciencia durante seis meses, porque durante toda tu larga vida no has hecho más que cargarla de pensamientos. Si persistes con paciencia y diligencia, solo seis meses serán suficientes; de otra manera te puede llevar seis años, o seis vidas! Todo depende de ti y de qué tan sinceramente trabajes en este método con todo tu corazón. Gradualmente, ligeramente, empezarás a escuchar las pisadas del silencio, y a experimentar el arte de escuchar.”

Osho, The True Name
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26 nov. 2007

Toda persona necesita amor, y toda persona necesita también amar

"En muchos sentidos solemos pensar de un modo complejo acer­ca de cosas que son simples. La mayoría de nuestros problemas son muy simples, pero la mente te confunde. Y hay gente que te explota. Hacen que tus problemas sean todavía más complejos.

En una ocasión me trajeron un muchacho. Debía de tener dieciséis o diecisiete años y su familia estaba confusa y preocupada, a pesar de que no había necesidad de que nadie estuviera preocupa­do. El muchacho iba diciendo que se le habían introducido dos moscas en el vientre y que se estaban moviendo por el interior de su cuerpo: ahora estaban en la cabeza, ahora llegaban a la mano.

Le llevaron a los doctores, a los médicos, y ellos decían: «No es una enfermedad». Le miraron por rayos X y no había ni moscas ni nada. Probaron a decirle: «No tienes ninguna mosca».

Pero el decía: «¿Cómo puedo creerles? Las moscas se están moviendo por todo mi cuerpo. ¿Debo creer en mi experiencia o en su explicación?».
Fue sólo por casualidad que alguien me sugirió ante sus padres, así que trajeron al chico. Yo escuché toda la historia. El muchacho parecía muy reacio, terco, porque se estaba cansando de este doctor y de aquel doctor y de que todo lo que decían fuese: «No hay moscas».

Yo dije: -Le habéis traído a la persona adecuada. Yo puedo ver las moscas. El pobre muchacho está sufriendo y vosotros le habéis estado diciendo que es un estúpido.

El muchacho se relajó. Yo le era favorable: había por primera vez una persona que aceptaba su idea de las moscas.

-Sé cómo han entrado --dije--. Debes de haber estado durmiendo con la boca abierta.

El muchacho dijo: -Sí.

-Es algo muy simple --dije--. Cuando duermes con la boca abierta puede introducirse cualquier cosa. Tienes suerte de que sólo hayan entrado moscas. He visto a gente... a quien se le han metido ratas.

-Dios mío, ¿ratas? --dijo él...

-Y no sólo ratas, sino que detrás de las ratas también gatos.

Él dijo: -Esa gente debe de haber tenido muchos problemas. -Así es dije-. Lo tuyo no es nada, tu caso es muy simple; sólo son dos moscas. Nada más túmbate aquí y yo te las sacaré.

Él dijo: -Eres la primera persona que ha mostrado comprensión por un pobre chico. Nadie me escucha. Estoy insistentemente diciendo que están ahí. Les muestro dónde: están aquí, ahora se han trasladado aquí... y todos ellos se ríen y hacen que me sienta un estúpido.
Dije: -Todos ellos son unos estúpidos. No se han cruzado con casos así, pero yo soy un experto en esto. Yo sólo trabajo con gente que duerme con la boca abierta.

-Yo sé que me entiendes --dijo-- porque has reconocido inmediatamente que están ahí, exactamente donde estaban.

Pedí a sus padres que aguardaran fuera de la casa y lo dejaran conmigo durante quince minutos. Le pedí que se tumbara. Le tapé los ojos y le pedí que mantuviera abierta la boca.

Pero él dijo: --¿Y si entran más moscas...?
-No te preocupes -dije-; aquí tengo aire acondicionado y no hay moscas. Tú simplemente túmbate con la boca abierta y yo intentaré persuadir a las moscas para que salgan.

Le dejé allí y corrí alrededor de la casa para cazar un par de moscas de un modo u otro, y por primera vez, porque nunca antes lo había hecho. Pero de algún modo me las arreglé y traje dos mos­cas en una pequeña botella. Y mientras sostenía la botella cerca de su boca, le quité la venda de los ojos y dije: -¡Mira!

Él dijo: -Estas dos pequeñas moscas... ¡pero qué alboroto han organizado! Habían arruinado mi vida. ¿Puedes darme estas mos­cas?

-Puedo, sí --dije, y cerré la botella y se la di--. ¿Qué vas a hacer? -le pregunté.

Él dijo: -Voy a ir a ver a todos esos doctores y médicos que han estado cobrando sin hacer nada y que sólo me decían: «No hay moscas». A todo el que me haya dicho eso... le voy a enseñar que estas son las moscas.

Se curó. Lo único que ocurría es que su mente se había queda­do estancada en una idea. Pero si vas al psicoanalista, él hará una montaña de un grano de arena: tantas teorías, explicaciones... Pasan años y el problema todavía está ahí, porque el problema no se ha tocado. Se pasan el tiempo filosofando acerca del problema y poniendo a prueba su filosofía a costa del pobre paciente.


Pero la mayoría de las enfermedades de la mente --y el seten­ta por ciento de las enfermedades son de la mente-- pueden ser fácilmente curadas. Lo más fundamental es aceptar, no negar; por­que tu negación va contra el orgullo de la persona. Cuanto más nie­gas, más insistirá ella: es simplemente una cuestión de lógica. Estás negando su entendimiento, estás negando su sentir, estás negando su humanidad, su dignidad. Estás diciendo: «No sabes nada». ¡Y es su propio cuerpo!

El primer pasó es aceptar: «Tienes razón. Los que te han nega­do estaban equivocados». E inmediatamente se ha hecho la mitad de la tarea. Ahora hay una relación de simpatía con la persona. Quienes padecen de cualquier problema mental necesitan simpatía; necesitan aprobación, no negación. No quieren verse reducidos a personas trastornadas y dementes. Dales simpatía, dales compren­sión, sé amoroso...

Mi propia comprensión es que toda persona necesita amor, y toda persona necesita también amar. Toda persona necesita amis­tad, amigabilidad, simpatía, y toda persona quiere también dar todo eso.
Esto me recuerda algo: sucedió cuando George Bernard Shaw tenía casi ochenta años. Su doctor --su médico personal-- tenía noventa años y ambos eran grandes amigos.

En una ocasión Bernard Shaw sintió en medio de la noche un dolor repentino en el corazón y se atemorizó: pudiera tratarse de un ataque al corazón. Telefoneó al doctor y dijo: --Ven inmediata­mente porque puede que no vuelva a ver un amanecer.

El doctor dijo: -Resiste. Ya voy, no te preocupes.

El doctor llegó. Había tenido que subir tres tramos de escaleras --¡un anciano de noventa años llevando su maletín!--; estaba sudando.
Fue y puso su maletín en el suelo, se sentó y cerró los ojos. Bernard Shaw le pregunto: -¿Qué sucede?

El doctor se puso la mano sobre su corazón y Bernard Shaw dijo: -Dios mío, ¡tienes un ataque al corazón!-- y vio... a un anciano de noventa años, tres tramos de escaleras en mitad de la noche, y estaba sudando.
Fue y puso su maletín en el suelo, se sentó y cerró los ojos.

Bernard Shaw le preguntó: -¿Qué sucede?
El doctor se puso la mano sobre su corazón y Bernard Shaw dijo: -Dios mío, ¡tienes un ataque al corazón!– Y vio… a un anciano de noventa años, tres tramos de escaleras en mitad de la noche, y estaba sudando.
Bernard Shaw se levantó, comenzó a abanicarlo, le lavó la cara con agua fría, le dio de beber algo de brandy porque la noche era fría, e intentó todo lo que pudo... le cubrió con mantas y se olvidó completamente de su propio ataque al corazón, que era el motivo de que hubiera llamado al doctor.

Después de media hora el doctor se sintió mejor y dijo:
-Ya estoy bien. Este fue un gran ataque al corazón. Es la tercera vez que pasa y pensaba que sería la última, pero tú me has ayu­dado inmensamente. Ahora págame mis honorarios.

-¿Tus honorarios? -dijo Bernard Shaw-. Pero si he estado corriendo y trayéndote cosas y sirviéndote. Eres tú quien deberías pagarme a mí.
El doctor dijo: -Tonterías. Todo esto no fue más que actua­ción. Lo hago con todos los pacientes del corazón y siempre funciona.­ Se olvidan de su ataque al corazón y comienzan a ocuparse de mí, de un anciano de noventa años. Págame mis honorarios. Ha pasado ya de la media noche y tengo que irme a casa.
Y cobró sus honorarios.

Y Bernard Shaw dijo: «Esto es algo grande. Yo solía pensar que era un bromista, pero este doctor es un bromista práctico. Él me trató de veras». El doctor trató su corazón, que estaba perfecta­mente bien. Bernard Shaw se olvidó completamente de él. Era sólo un pequeño dolor que su mente había multiplicado... su temor a un ataque al corazón, la idea de un ataque al corazón, la idea de la muerte lo magnificaron.

Pero el doctor era realmente muy bueno. Consiguió que Bernard Shaw se levantara, que le prestara todos sus servicios, que le diera una copa y, finalmente, tomó sus honorarios y se marchó escaleras abajo. Y Bernard Shaw se quedó completamente descon­certado. «Este hombre dice que ha estado haciendo esto con todos los casos de corazón, y que siempre ha tenido éxito. Precisamente por su edad se las arregla estupendamente. Cualquiera se olvidaría... Cualquier otro doctor habría comenzado a hacer de ello un fenómeno complejo, con inyecciones y medicinas y todo lo demás, le habría recetado un cambio de clima, o una enfermera las veinticuatro horas. Pero ese hombre lo resolvió rápidamente, con celeridad, sin ninguna complejidad»...

He visto toda clase de casos que conciernen a la mente. Todo lo que necesitan es ser abordados con simpatía, amigabilidad y amor...
Todo el mundo parece estar cerrado. Nadie tiene un corazón con las ventanas abiertas. Y nadie tiene las puertas abiertas para dar la bienvenida a un invitado. Toda esta situación crea cosas muy extrañas. Las auténticas necesidades de la mente humana no se satisfacen y entonces la mente empieza a comportarse de formas extrañas....
No veo que haya otra psicoterapia que el amor. Si el psicotera­peuta puede derramar su amor, la enfermedad desaparecerá sin ningún análisis....
Los problemas son simples. Las soluciones son simples. Basta con que uno salga fuera de la mente para ver su simplicidad. Y entonces cualquier cosa hecha por un hombre de silencio, de paz, de alegría será medicinal, será una difusión de salud. Será una fuer­za sanadora".

Osho, De la medicación a la meditación
http://osho-maestro.blogspot.com/

24 nov. 2007

La vida sucede sim­plemente aquí y ahora. Vívela. Vívela totalmente, vívela conscien­temente, vívela gozosamente y te sentirás plenamente satisfecho

Pregunta:
Siempre he sentido la necesidad de algunas pequeñas recom­pensas al final del día: unas cervezas, cigarrillos, drogas. Ahora nada de ello me aporta satisfacción, y sin embargo el deseo de algo, de alguna forma de gratificación, subsiste. ¿Qué es este anhelo y que puede satisfacerlo?

"Nada lo satisfará. Hay que comprender el sutil mecanismo del deseo. El deseo funciona de la siguiente forma: el deseo te pone una condición para ser feliz: «Seré feliz si puedo conseguir este coche, esta mujer, esta casa». El cumplimiento del deseo eli­mina esa condición para tu felicidad. Al colmarse el deseo te sien­tes bien. En realidad lo único que has hecho es eliminar un impedi­mento innecesario para tu felicidad, pero no tardarás en encontrar­te pensando: «Si puedo crear de nuevo ese impedimento, entonces lo eliminaré y volveré a sentir el mismo alivio, volveré a sentirme bien». Por eso los deseos, incluso al colmarlos, nos llevan una y otra vez a la creación de nuevos deseos.


¿Lo entiendes? Primero pones una condición. Dices: «A menos que consiga esta mujer no voy a ser feliz. Solamente puedo ser feliz con esta mujer». Entonces empiezas a esforzarte para conseguir esa mujer. Cuanto más difícil es, mayor es tu entusiasmo y tu desaso­siego.

Cuanto más difícil es, mayor es el desafío. Cuanto más difícil es, mayor es tu empeño, mayor tu disposición en apostar. Y, por supuesto, mayores las esperanzas y mayor el deseo de poseer la mujer. Siendo tan difícil debe ser algo extraordinario --piensas, por eso es tan difícil, por eso cuesta tanto. Persigues a la mujer hasta que un día la consigues. El día que la consigues la condición ha sido eliminada. «Si consigo esta mujer seré feliz», pensaste. Tú fuiste quien puso la condición. Al conseguir a la mujer te relajas: la persecución ha terminado, lo has conseguido; el resultado está en tus manos, te sientes bien. Te sientes bien gracias al alivio de haber­lo conseguido.

Un día me encontré a Mulla Nasrudin con aspecto de estar sufriendo mucho y le pregunté:

-¿Qué te pasa? ¿Tienes dolor de estómago?, ¿tienes dolor de cabeza?, ¿te duele algo? ¿Qué te pasa? Pareces estar sufriendo mucho.

-Los zapatos que estoy usando son demasiado pequeños -–me respondió.

-¿Por qué los usas?

-Porque este es el único alivio que consigo al final del día: Sacarme los zapatos. Esta es mi única alegría, por eso no puedo prescindir de estos zapatos. Son una talla demasiado pequeña, usar­los es un verdadero infierno; pero por la noche, al sacármelos, me dan el paraíso. Cuando llego a casa y me saco los zapatos y me arrellano en mi sofá, me digo: «Por fin he llegado». Es muy pla­centero.

Eso es lo que estás haciendo. Creas sufrimiento, angustia, per­secución, desasosiego; hasta que un día llegas a casa, te quitas los zapatos y exclamas: «¡Por fin; por fin lo conseguí! He llegado». ¿Pero cuánto tiempo dura? El alivio dura sólo unos instantes. Entonces empiezas a desear de nuevo.

Ahora esta mujer ya no sirve, porque la has conseguido. No puedes volverla a poner como condición. Ya no puedes volver a decir: «Si consigo esta mujer seré feliz», porque ya la has consegui­do. Ahora empiezas a mirar a otras mujeres: «Si consigo esa otra mujer...». Ahora conoces el truco: primero tienes que poner una condición para ser feliz, entonces tienes que cumplir la condición desesperadamente hasta el día que llega el alivio...

Esto es fútil. Una persona con entendimiento se da cuenta que no hay ninguna necesidad de poner condiciones. Tú puedes ser feliz incondicionalmente. ¿Qué necesidad hay de calzarse unos zapatos pequeños para sufrir con el fin de conseguir un alivio? ¿Por qué no sentir siempre el alivio? Pero entonces no lo sientes, ese es el pro­blema. Para sentirlo necesitas el contraste. Estarás contento, pero no lo sentirás.

La definición de un hombre feliz es ésta: un hombre realmente feliz es aquél que no sabe nada acerca de la felicidad, que nunca oyó nada acerca de ella. Es tan feliz, tan incondicionalmente feliz, que, ¿cómo puede saber que es feliz? Sólo la gente infeliz dice: «Soy feliz, todo me va estupendamente». Esta es la gente infeliz. La persona feliz ¡no sabe nada acerca de la felicidad. Simplemente está ahí, siempre está ahí. Es como la respiración....

La felicidad está aquí y ahora; no requiere de ninguna condi­ción. La felicidad es natural. Simplemente date cuenta. No pongas condiciones a tu felicidad. Sé feliz sin ninguna razón. Para ser feliz no hace falta encontrar ninguna razón, ninguna causa. Simplemente sé feliz. Si no puedes ser feliz, no lo dificultes poniendo condicio­nes...

Pero tú dices: «Solamente seré feliz el día que esa magnífica casa sea mía». Estás poniendo una gran condición. Necesitarás años para colmarla, te agotarás, y de aquí a que consigas el palacio de tus sueños te faltará poco para morir. Eso es lo que ocurre. Has malgastado toda tu vida, y tu magnífica casa se convertirá en tu tumba. Dices: «A menos que tenga un millón de dólares no voy a ser feliz». Entonces tendrás que trabajar y desperdiciar toda tu vida. Mulla Nasrudin es mucho más inteligente: pon condiciones pequeñas y sé tan feliz como quieras.

Y si tienes entendimiento, no hay necesidad de poner ninguna condición. Simplemente ve el quid de la cuestión: que crear condi­ciones no crea la felicidad; sólo te ofrece un alivio. Pero el alivio no es permanente, ningún alivio puede ser permanente. Solamente dura unos instantes.

¿No lo has observado una y otra vez? Querías comprarte un coche; el coche está estacionado en tu porche, durante unos instan­tes eres feliz. ¿Cuánto tiempo dura esa felicidad? Mañana será un coche viejo. Todo el vecindario lo ha visto y lo ha apreciado; ¡se acabó el asunto! Ahora ya no le interesa a nadie, nadie habla de ello. Por eso los fabricantes de automóviles tienen que sacar nue­vos modelos cada año, para que puedas tener nuevas condiciones...

La gente anhela cosas únicamente para tener un alivio, pero el alivio siempre está disponible. ¿Has oído la siguiente historia?:

Un mendigo estaba recostado bajo la sombra de un árbol cuan­do a un hombre rico se le estropeó el coche. Mientras el chofer esta­ba reparando el coche, el hombre rico vio al mendigo haciendo la siesta. Era un día hermoso, soplaba una brisa fresca. El hombre rico se sentó junto al mendigo y le dijo:

-¿Por qué no trabajas?

-¿Para qué? -le preguntó el mendigo.

El hombre rico se sintió un poco incómodo: -Para tener un buen saldo en tu cuenta bancaria.

Pero el mendigo le volvió a preguntar: -¿Para qué?

El hombre rico se irritó: -¿Para qué? Para que cuando seas viejo puedas retirarte y descansar.

¡Ya estoy descansando ahora! --dijo el mendigo--. ¿Por qué esperar a viejo? ¿Para qué todo este absurdo de ganar dinero para tener un buen saldo bancario para finalmente descansar. ¡Ya estoy descansando ahora! ¿Por qué esperar?

¿Por qué has de esperar a que llegue la noche? ¿Por qué espe­rar por una cerveza? ¿Por qué no bebes agua y la disfrutas?...

Puedes beber agua con tal entusiasmo, con tal devoción, que se convierta en vino. En la ceremonia zen del té, es tal la ceremonia, es tal la presencia que incluso el té se convierte en algo extraordi­nario: el té ordinario se transforma. Los actos ordinarios pueden transformarse; un paseo matinal puede ser embriagador. Y si un paseo matinal no puede convertirse en algo embriagador es que hay algo en ti defectuoso. El simple hecho de observar una rosa puede ser embriagador. Si una rosa no puede embriagarte, nada puede embriagarte. Mirar los ojos de un niño puede ser embriagador.

Aprende cómo vivir el instante gozosamente. No busques resul­tados, no los hay. La vida no va a ninguna parte, no tiene objetivos. La vida no es un medio para lograr una meta. La vida sucede sim­plemente aquí y ahora. Vívela. Vívela totalmente, vívela conscien­temente, vívela gozosamente y te sentirás plenamente satisfecho..."


Osho, De la medicación a la meditación
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Ser rico y no ser pobre es un gran arte. Ser rico siendo pobre es el otro aspecto del arte

     "...Cuando el hombre alcanza sus preciosos objetivos, entonces se da cuenta que hay muchas cosas alrededor de ellos. Por ejemplo, tal vez te hayas esforzado toda la vida en ganar dinero creyendo que el día que lo consigas podrás vivir relajadamente. Pero has estado tenso durante toda tu vida, la tensión se ha convertido en tu disciplina, y al final de tu vida, cuando has conseguido todo el dinero que querías, no puedes relajarte. En consecuencia no eres un ganador, eres un perdedor. Pierdes tu apetito, destruyes tu salud, destruyes tu sensibilidad, destruyes tu sentido de la estética porque no tienes tiempo para todas esas cosas que no producen dinero.
     Estás corriendo detrás del dinero: ¿quién tiene tiempo para contemplar las rosas?, ¿quién tiene tiempo para contemplar el vuelo de los pájaros?, ¿quién tiene tiempo para contemplar la belleza de los seres humanos? Todas esas cosas las estás posponiendo para cuando tengas todo, entonces te relajarás y disfrutarás... Pero de aquí al día que tengas todo te habrás vuelto un cierto tipo de persona: alguien ciego a las rosas, alguien ciego a la belleza, alguien que no puede disfrutar de la música, alguien que no puede entender la danza, alguien que no puede entender la poesía, alguien que solamente puede entender el dinero. Pero ese dinero no da la satisfacción.
     Esa es la causa de la depresión. Esa es la razón por la cual solamente hay depresión en los países desarrollados y entre las clases más ricas de los países desarrollados --en los países desarrollados también hay pobres, pero no padecen depresiones--, y ahora ya no puedes dar una esperanza a esa persona que haga desaparecer su depresión, porque ya tiene todo, más de lo que tu puedes prometerle. Su situación es realmente lamentable. Nunca pensó en las implicaciones, nunca pensó en las consecuencias, nunca pensó en lo que perdería ganando dinero. Nunca pensó que perdería todo lo que podía haberle hecho feliz; dejó de lado todas esas cosas. No tenía tiempo, la competencia era atroz y tenía que ser insensible. Y al final descubre que su corazón ha muerto, que su vida no tiene sentido. No ve ninguna posibilidad de cambio en el futuro, porque: «¿Qué otra cosa hay...?».
     Cuando visitaba Sagar, solía ser huésped de un hombre muy rico; era el mayor productor de bidis de la India. Tenía todo lo que puedas imaginar, pero era absolutamente incapaz de disfrutar de nada. Hay que aprender a disfrutar de las cosas. Se requiere una cierta disciplina, un cierto arte; el contacto con las grandes cosas de la vida requiere tiempo. Pero el hombre que persigue el dinero pasa por delante de todo aquello que es una puerta a lo divino, y llega al final del camino y delante de él no hay nada excepto la muerte.
     Toda su vida fue miserable. Lo toleraba, lo ignoraba, con la esperanza de que las cosas cambiarían. Hasta que ya no puede seguir ignorándolo y tolerándolo porque mañana sólo está la muerte y nada más. Y toda la miseria ignorada acumulada durante toda una vida, todo el sufrimiento que ha ignorado explota en su ser.
     El hombre más rico es, en el fondo, el hombre más pobre. Ser rico y no ser pobre es un gran arte. Ser rico siendo pobre es el otro aspecto del arte. Hay gente pobre en la que encontrarás una inmensa riqueza. No tienen nada, pero son ricos. Su riqueza no es material, su riqueza es su ser, sus experiencias multidimensionales. Y hay gente rica que tiene de todo pero que es absolutamente pobre, vacía. En su interior sólo hay un cementerio...
     Lo principal en la vida es encontrarle el sentido al momento presente.
El aroma básico de tu ser debería ser de amor, de alegría, de celebración. Entonces puedes hacer cualquier cosa; el dinero no lo destruirá. Pero dejas todo de lado corriendo detrás del dinero, creyendo que el dinero puede comprado todo. Y entonces un día descubres que no puedes comprar nada y que has consagrado toda tu vida al dinero...
     En occidente, al final, el camino simplemente concluye. Puedes regresar, pero volver atrás no te ayudará en tu depresión. Necesitas, una nueva dirección. Gautama Buda, Mahavir y Parshvanath llegaron a la cúspide de la riqueza y vieron que era una carga. Hay que encontrar algo más antes de que la muerte te alcance. Ellos fueron lo suficientemente valientes como para renunciar a todo. Su renuncia ha sido mal interpretada. Renunciaron a todo porque no querían preocuparse ni un instante más por el dinero o por el poder, porque vieron que en la cúspide no hay nada. Llegaron al peldaño más alto de la escalera y descubrieron que no conduce a nada; es solamente una escalera que conduce a ninguna parte. Mientras te encuentras a medio camino, o más abajo de la mitad, tienes esperanza porque hay otros peldaños por encima tuyo. Pero llega un momento en que alcanzas el peldaño más alto y sólo te queda la posibilidad del suicidio o la locura... o la hipocresía: sigues sonriendo hasta que la muerte te acalla, aunque en tu interior sabes que has desperdiciado tu vida...
     En occidente la gente que está deprimida va al psicoanalista, al terapeuta y a toda clase de charlatanes que están más deprimidos que sus pacientes. Es natural, ya que están todo el día oyendo hablar de depresiones, desesperaciones y carencias de sentido... Viendo a tanta gente con talento en un estado tan lamentable, ellos mismos empiezan a perder el ánimo. No pueden ayudar; ellos mismos necesitan ayuda....
     Yo no enseño renuncia a la riqueza o a ninguna otra cosa. Deja las cosas tal como están. Solamente añade a tu vida una cosa más. Hasta ahora has estado añadiendo a tu vida nada más que cosas. Añade ahora algo a tu ser, y eso hará que suene la música, eso hará el milagro, eso creará la magia, eso creará un nueva sensación, una nueva juventud, una nueva frescura.
     No es irremediable. El problema es grande, pero la solución es muy simple".

Osho, De la medicación a la meditación
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El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso

Pregunta: 
¿Puedes hablar acerca de la relajación? Estoy percibiendo tensión dentro de mí y sospecho que probablemente nunca me he relajado totalmente.

Respuesta de Osho:


"La relajación total es lo definitivo. Ese es el momento en que uno se vuelve un Buda. Ese es el instante de la realización, de la ilu­minación, de la consciencia crística.


Ahora mismo no puedes relajarte totalmente; en tu interior per­sistirá la tensión. Pero empieza a relajarte. Empieza por la circun­ferencia; ahí es donde estamos, y solamente podemos empezar desde donde estamos. Relaja la circunferencia de tu ser, relaja tu cuerpo, relaja tu comportamiento, relaja tus actos. Camina de forma relajada, come de forma relajada, escucha de forma relajada... Reduce la velocidad de cada proceso. No tengas prisa. Muévete como si toda la eternidad estuviese a tu disposición. De hecho está a tu disposición; estamos aquí desde el principio y vamos a estar aquí hasta el final, si es que hay principio y hay final...

Tensión significa: prisa, miedo, duda. Tensión significa un esfuerzo constante en protegerse, en buscar seguridad. Tensión sig­nifica preparar el mañana ahora... temeroso de que pasado mañana no serás capaz de afrontar la realidad; ¡así que prepárate! Tensión significa que el pasado --un pasado que no has vivido realmente sino solamente pasado de largo-- está en el aire, te envuelve, es como una resaca.


Recuerda algo fundamental acerca de la vida: cualquier expe­riencia que no haya sido vivida persistirá, te asediará: «¡Acábame! ¡Víveme! ¡Complétame!». Hay una cualidad intrínseca en toda experiencia que quiere ser acabada, completada, y tiende a ello. Una vez completada se evapora; incompleta, persiste, te mortifica, te persigue, atrae tu atención. Te dice: «¿Qué vas a hacer conmigo? Sigo sin completar: ¡complétame!».

Todo tu pasado te asedia porque no lo has completado, no lo has vivido realmente, lo has vivido parcialmente, a medias, tímida­mente. No ha habido intensidad, pasión. Has vivido como un sonámbulo. Por eso el pasado te asedia y el futuro te asusta. Y entre el pasado y el futuro se estruja tu presente, la única realidad.


Tendrás que relajarte desde la circunferencia. El primer paso de la relajación es el cuerpo. Recuerda mirar dentro del cuerpo tantas veces como te sea posible para ver si estás acarreando alguna tensión en alguna parte: en el cuello, en la cabeza, en las piernas. Relájala conscientemente. Simplemente céntrate en esa parte del cuerpo y persuádela, dile amorosamente: «¡Relájate!».


Te sorprenderá comprobar que si te aproximas a alguna parte de tu cuerpo, te escucha, te sigue; ¡es tu propio cuerpo! Cierra los ojos y adéntrate en tu cuerpo --desde los dedos de los pies a la cabeza­ en busca de dondequiera que haya tensión. Entonces háblale a esa parte amistosamente; deja que haya un diálogo entre tú y tu cuerpo. Dile que se relaje; dile: «No temas, no hay nada que temer. Estoy aquí para cuidarte; puedes relajarte». Poco a poco aprenderás el truco. Entonces el cuerpo se volverá más relajado.


El siguiente paso es un poco más profundo: es decirle a la mente que se relaje. Y si el cuerpo escucha, la mente también escucha; pero no puedes empezar con la mente, tienes que empezar desde el principio. No puedes empezar por la mitad. Mucha gente empieza con la mente y fracasa; fracasan porque empiezan desde un punto equivocado. Todo tiene que hacerse en su debido orden.


Si eres capaz de relajar tu cuerpo voluntariamente serás capaz de ayudar a tu mente a que se relaje voluntariamente. La mente es un fenómeno más complejo. Una vez que adquieras la confianza de que el cuerpo te escucha, ganarás una nueva seguridad en ti mismo.
Ahora incluso la mente puede escucharte. Requerirá un poco más de tiempo, pero sucederá.


Cuando la mente esté relajada, empieza a relajar el corazón --el mundo de los sentimientos, las emociones--, que es incluso más complejo, más sutil. Pero ahora te moverás con una gran confianza en ti mismo. Ahora sabes que es posible. Si es posible con el cuer­po y con la mente, también es posible con el corazón. Y solamente entonces, cuando has pasado por estos tres pasos, puedes dar el cuarto paso. Ahora puedes adentrarte en el centro de tu ser el cual está más allá de tu cuerpo, de tu mente y de tu corazón-, el propio centro de tu existencia. Y también serás capaz de relajarlo.
Y esa relajación te traerá, con toda seguridad, el mayor gozo posi­ble, el éxtasis supremo, la aceptación. Estarás lleno de gozo y feli­cidad. Tu vida albergará la cualidad de una danza.


Toda la existencia es una danza, excepto el hombre. Toda la existencia forma parte de un movimiento muy relajado. El movimiento está ahí, ciertamente, pero es un movimiento totalmente relajado. Los árboles están creciendo, los pájaros están cantando, los ríos están fluyendo, las estrellas están moviéndose: todo está moviéndose de forma muy relajada... sin prisas, sin agobios, sin desperdicios --excepto el hombre--. El hombre ha caído víctima de su propia mente...


Empieza por el cuerpo, y poco a poco adéntrate más profunda­mente. Y no empieces con algo a menos que hayas resuelto los pre­liminares. Si tu cuerpo está tenso, no empieces con la mente. Espera. Trabaja con el cuerpo. Esas pequeñas cosas son muy importantes.


Caminas a un cierto ritmo; se ha vuelto un hábito, algo automá­tico. Trata de caminar lentamente... Buda solía decir a sus discípu­los: «Caminad muy lentamente, dad cada paso conscientemente».
Si puedes dar cada paso conscientemente, caminarás lentamente. Si andas con prisas, corriendo, te olvidarás de estar consciente. Por eso Buda camina muy lentamente.
Trata de caminar lentamente y te sorprenderás: una nueva per­cepción empieza a manifestare en el cuerpo. Come despacio y te sorprenderás de sentir una profunda relajación. Haz todo lentamen­te, simplemente para cambiar los viejos hábitos, para salirte de los viejos hábitos....


La relajación es uno de los fenómenos más complejos, ricos y multidimensionales. Todas estas cosas forman parte de ello: soltar­se, confiar, entregarse, amar, aceptar, fluir, unión con la existencia, disolución del ego, éxtasis. Todo ello forma parte de la relajación, y todo ello empieza a suceder si aprendes a relajarte.


Tus presuntas religiones te han vuelto muy tenso, porque han creado remordimientos dentro de ti. Todo mi esfuerzo consiste en ayudarte a que te deshagas de todos tus remordimientos y de todos tus miedos. Me gustaría decirte: no existen ni el cielo ni el infier­no. Así que no temas al infierno y no ambiciones el cielo. Lo único que existe es este momento. Tú puedes hacer de este momento un cielo o un infierno --eso es cierto-, pero no hay un cielo o un infierno en ninguna otra parte. El infierno es cuando estás tenso, el cielo es cuando estás relajado. La relajación total es el paraíso".


Osho, De la medicación a la meditación

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22 nov. 2007

Muere con una sonrisa en tu rostro, una sonrisa de agradecimiento, de gratitud por todo lo que la vida te ha dado

Pregunta:
La semana pasada supe que tengo cáncer. Desde entonces, excepto durante unos pocos momentos de miedo y pánico, he sentido que una profunda calma y relajación llegaba a mi ser. ¿Es la calma de la aceptación o es que he dado ya por perdida mi vida?

     "... Pero para el hombre que llega a saber que el cáncer va a golpe­arle al cabo de siete días todo en la vida se torna insignificante. Todas las urgencias desaparecen. Estaba pensando en construirse un hermoso lugar: toda la idea desaparece. Estaba preocupado por la tercera guerra mundial: ya no se preocupa más. No le importa. Lo que suceda después de que desaparezca no tiene importancia, sólo tiene siete días para vivir.Si está un poco alerta durante esos siete días puede llegar a vivir setenta años o setecientos años o toda la eternidad; porque ahora la meditación se vuelve una prioridad, el amor se vuelve una prioridad... la danza, el regocijo, la experiencia de la belleza, todo eso que nunca antes había sido una prioridad. Durante esa semana la luna llena nocturna será una prioridad, porque nunca verá de nuevo la luna llena. Esta es su última luna llena. Ha vivido durante años: las lunas han venido y se han ido, y nunca se preocupó de ellas; pero ahora tiene que tomársela en serio. Esta es la última luna, esta es la última oportunidad de amar, esta es la última oportunidad de ser, esta es la última oportunidad de experimentar todo lo que es hermoso en la vida. Y ya no dispone de energía para la rabia, para luchar. Puede posponerlo; puede decir: «Después de una semana te veré en el juzgado, pero déjame esta semana de vacaciones».

     Sí, al principio sentirás tristeza, desesperación de que la vida se te deslice entre las manos. Pero siempre ha estado deslizándose entre tus manos ya sea que te dieras cuenta o no. Se desliza entre las manos de todo el mundo, ya sea que se den cuenta o no. Tú eres afortunado por saberlo.

     Esto me recuerda a un gran místico: Eknath. Un hombre había estado acudiendo a él durante años. Un día fue por la mañana tem­prano, cuando no había nadie, y le dijo a Eknath:

     -Perdóname, por favor. He venido temprano para que no hubiera nadie más, porque voy a hacerte una pregunta que siempre quise hacerte pero me sentía tan azorado que la contenía.
     Eknath dijo: -No hay motivo para estar azorado. Podías haber­me hecho cualquier pregunta en cualquier momento. Siéntate aquí.
     Así que se sentaron en el templo y el hombre dijo:
     -Me resulta difícil; ¿cómo plantearla? Mi pregunta es que he venido a verte durante años y nunca te he visto triste, frustrado. Nunca te he visto ansioso ni en ningún estado de inquietud. Siempre estás feliz, siempre satisfecho, contento. No puedo creer­lo. Mi mente dubitativa me dice: «Este hombre está aparentando». He estado batallando con mi mente, diciéndole que no se puede disimular durante años y años. Me he dicho: «Si está aparentando, intenta hacerlo tú». Y lo he intentado durante cinco minutos, siete minutos como máximo, y me he olvidado de ello. Llegan las preo­cupaciones, llega la rabia, llega la tristeza, y si no viene nada ¡entonces llega mi esposa!... y todas mis pretensiones desaparecen. ¿Cómo te las arreglas día tras día, mes tras mes, año tras año? Siempre he visto en ti la misma dicha, la misma gracia. Por favor, perdóname, pero persiste en mí la duda de que estás aparentando. Tal vez sea que no tienes una esposa; esa parece ser la única dife­rencia entre tú y yo.
     Eknath dijo: -Muéstrame tu mano.
     Tomó su mano entre las suyas, la miró y se puso muy serio.
     El hombre dijo: -¿Hay algo mal? ¿Qué sucede? -Se olvidó de todas sus dudas y de sus pretensiones y de Eknath.
     Eknath dijo: -Antes de responder a tu pregunta, te diré que he visto que tu línea de la vida se acaba... sólo te quedan siete días más. Quería decírtelo en primer lugar porque podría olvidarme. Una vez haya comenzado a responder a tu pregunta podría ser que me olvidara.
     El hombre dijo: -Ya no estoy interesado en la pregunta ni estoy interesado en la respuesta. Sólo ayúdame a sostenerme en pie.
     Era un hombre joven. Eknath dijo:
     -¿No puedes sostenerte en pie?
     -Siento que se me ha ido toda la energía -dijo el hombre.
Sólo siete días, y tenía tantos planes... todo se ha hecho añicos. ¡Ayúdame! Mi casa no está lejos, llévame a mi casa.
     Eknath dijo: -Puedes irte. Puedes caminar. Has venido caminando perfectamente bien hace apenas unos instantes.
     El hombre intentó incorporarse; parecía como si le hubieran arrebatado toda su energía. Y cuando estaba bajando las escaleras parecía como si hubiera envejecido súbitamente: tenía que apoyar­se en la barandilla. Mientras se alejaba por la carretera parecía que fuera a caerse en cualquier momento, estaba caminando como un borracho. Pero se las arregló para llegar a su casa.
     Todo el mundo se estaba levantando -era por la mañana, muy temprano- y él se fue a dormir. Todos le preguntaron: -¿Qué sucede? ¿Estás enfermo, no te encuentras bien?
     El dijo: -Ahora ni siquiera me importa la enfermedad. El que me sienta bien o no es irrelevante. Mi línea de la vida se ha acaba­do, sólo me quedan siete días. Hoy es domingo; el próximo domingo, cuando se ponga el sol, me habré ido. ¡Ya casi me he ido!
     Todos en la casa se pusieron tristes. Los parientes comenzaron a reunirse, los amigos... porque Eknath nunca había dicho una men­tira, era un hombre de palabra. Si él lo había dicho, la muerte era cosa segura. Al séptimo día, justo antes de que se pusiera el sol, la esposa estaba llorando y los niños estaban llorando y los hermanos estaban llorando y el anciano padre y la anciana madre habían perdido el conocimiento. Eknath llegó a la casa y todos le dijeron:
     -Has llegado justo a tiempo. Bendícele; está a punto de emprender el viaje hacia lo desconocido.
     En esos días el hombre había cambiado mucho; hasta Eknath tuvo que hacer un esfuerzo para reconocerle. Era un puro esquele­to. Eknath le sacudió; él intentó abrir los ojos. Eknath dijo:
     -He venido a decirte que no vas a morir. Tu línea de la vida es todavía lo suficientemente larga. Te dije que ibas a morir al cabo de siete días como respuesta a tu pregunta. Esa fue mi respuesta.
     El hombre se incorporó de un salto diciendo:
     -¿Esa fue tu respuesta? ¡Dios mío! Ya casi me habías matado.
     Estaba mirando por la ventana viendo el sol, y cuando se hubiera puesto me habría muerto.
     Hubo un gran regocijo, pero el hombre preguntó:
     -¿Qué clase de respuesta es esta? Esta clase de respuestas pueden matar a la gente. ¡Pareces un asesino! Creemos en ti y tú sacas partido de nuestra fe.
     Eknath dijo: -Excepto esa respuesta, nada habría podido ayu­darte. He venido a preguntarte: durante estos siete días, ¿te has peleado con alguien, te has enfadado con alguien? ¿Has ido a los juzgados?, que es tu práctica habitual; todos los días se te encuen­tra en los juzgados.
     Y es que él era un hombre de esa clase, ese era su negocio. Estaba dispuesto a atestiguar hasta en casos de asesinato; bastaba con que se le pagara lo suficiente. Fue testigo en un juicio por ase­sinato, y el juez sabía que este hombre no podía haber visto nada. ­Era un testigo profesional.
     Eknath preguntó: -¿Qué le ha pasado a tu negocio? En estos siete días, ¿cuántas veces has atestiguado?, ¿cuánto has ganado?
     Él dijo: -¿De qué estás hablando? No me he movido de la cama. No he comido, no tenía apetito ni sed. Estaba casi muerto. No sentía ninguna energía, ninguna vida en mí.
     Eknath dijo: -Ahora levántate, ya es hora. Date un buen baño, come bien. Mañana tienes un caso en el juzgado. Continúa con tu trabajo. Y yo he respondido a tu pregunta, porque desde que me di cuenta de que todo el mundo tiene que morir... Y la muerte puede llegar mañana; tú tuviste siete días. Yo no tengo ni siquiera siete días; puede que mañana no vuelva a ver salir el sol. Yo no tengo tiempo para estupideces, para estúpidas ambiciones, para la codi­cia, para la rabia, para el odio. Simplemente no tengo tiempo, por­que mañana puede que no esté aquí. En este pequeño lapso de tiempo puedo regocijarme en las bellezas de la existencia, en las bellezas de los seres humanos. Si puedo compartir mi amor, si puedo com­partir mis canciones puede que la muerte no sea dura conmigo.

     He oído de los antiguos que aquellos que saben morir, automá­ticamente saben vivir. Su muerte es algo hermoso porque sólo mue­ren exteriormente; interiormente el viaje de la vida continúa.

     El que hayas llegado a saber que tienes cáncer ciertamente habrá sido impactante, te traerá tristeza y desesperación. Pero eres uno de mis sannyasins; tienes que hacer de esto una oportunidad para que se produzca una gran transformación en tu ser. Estos pocos días que estés aquí deberían ser días de meditación, de amor, de compasión, de amistad, de juegos, de risa. Y si puedes hacer eso serás recompensado con una muerte consciente. Esa es la recom­pensa a una vida consciente....
     Acepta que la muerte es sólo parte de tu vida, y acepta el hecho de que hayas llegado a saberlo antes de tiempo. De otro modo la muerte llega y tú no puedes escuchar sus pisadas, los sonidos de la muerte aproximándose. Es por eso que te dije que eres afortunado: la muerte ha llamado a tu puerta siete días antes. Utiliza estos días con profunda aceptación. Haz de estos siete días el mayor disfrute posible; que sean siete días de risas. Muere con una sonrisa en tu rostro, una sonrisa de agradecimiento, de gratitud por todo lo que la vida te ha dado...."

Osho, De la medicación a la meditación
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19 nov. 2007

Cómo podemos relajarnos mientras estamos trabajando

Pregunta:
¿Te he oído hablar acerca de la importancia de la relajación. ¿Pero cómo podemos relajarnos mientras estamos trabajando?

"La sociedad está concebida para el trabajo. Es una sociedad adicta al trabajo. No le interesa que aprendas a relajarte. Por eso desde la infancia te impregna de ideas antirrelajación.

No te estoy diciendo que debas relajarte durante todo el día. Haz tu trabajo, pero guárdate un tiempo para ti mismo, y ello sólo puedes lograrlo con la relajación. Si puedes relajarte durante una o dos horas cada 24, te sorprenderá la profunda percepción que obtendrás de ti mismo. Cambiará tu comportamiento externo: te volverás más tranquilo, más sosegado. Cambiará la calidad de tu trabajo: será más armónico, más artístico. Cometerás menos errores de los que solías cometer anteriormente, porque ahora estás más integrado, más centrado. La relajación tiene poderes milagrosos.

No es holgazanería. El holgazán, visto desde afuera, puede parecer inactivo; pero su mente es un torbellino. La persona relajada tiene el cuerpo relajado, su mente está relajada, su corazón está relajado. Durante dos horas está casi ausente, relajado en los tres niveles: el cuerpo, la mente y el corazón. En esas dos horas su cuerpo se restablece, su corazón se restablece, su inteligencia se restablece, y reconocerás ese restablecimiento en su trabajo.

No será un perdedor aunque ya nunca más será un frenético, ya no correrá innecesariamente de aquí para allá. Irá directamente al punto que quiere ir. Hará aquello que debe hacerse, y no se perderá en asuntos innecesarios. Solamente dirá aquello que precisa decirse. Sus palabras se volverán telegráficas, sus movimientos se volverán armónicos, su vida se volverá poesía".

Osho, De la medicación a la meditación
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